una idea sencilla

por Alberto Jaura

Etiqueta: mercado libre

las condiciones del mutualismo

Creo que parte del atractivo del mutualismo (para mí al menos) es la belleza de su descripción de un mercado libre radical. Si no hubiera barreras de entrada legales, muchas empresas entrarían a competir al mercado. Sin el monopolio de las patentes y el copyright, las grandes empresas farmacéuticas, de software o de entretenimiento se verían expuestos a cientos de nuevos competidores que les forzarían a bajar los precios y mejorar los salarios. Los bancos, desprotegidos de la competencia, serían invadidos por nuevos banqueros que les harían la competencia, por lo que los intereses bajarían, facilitando la creación de nuevas empresas. Con muchas empresas ofreciendo trabajo, los trabajadores estarían en una buena situación para negociar.

En fin, en este escenario todos estos procesos paralelamente harán del capital abundante, y del trabajo escaso en comparación. Por ello, los precios se aproximarían al coste, y los trabajadores tendrían muchas facilidades para negociar mejores condiciones laborales, para emprender y convertirse en su propio jefe, o para juntarse y montar una cooperativa. Los resultados del mercado libre radical son compatibles con los fines clásicos del socialismo.

El argumento mutualista es que, puesto que los mercados libres tienen esta tendencia, los mercados que no funcionen así son sospechosos de estar intervenidos por fuerzas externas, típicamente el estado. Éste suele inclinar la balanza a favor de ciertas empresas con conexiones políticas. Pero esta narrativa es plausible sólo en los mercados que cumplen las siguientes condiciones:

  • La oferta es elástica. La oferta de tierra, por ejemplo, no es elástica, porque no se puede producir más de la que ya hay. Los recursos naturales en general son de oferta inelástica.

Hay algunas propuestas interesantes para contrarrestar los efectos indeseables de esta inelasticidad, por ejemplo, la propiedad usufructuaria de la tierra y el impuesto georgista sobre la tierra.

  • Se comercia con bienes reproducibles. Los bienes imposibles de reproducir, como una guitarra firmada por Elvis, se rigen por reglas distintas.
  • Se comercia con bienes privados, es decir, con bienes excluibles y rivales.

Esto quiere decir que se excluyen lo que los economistas llaman bienes públicos, como la defensa militar, la seguridad, la legislación penal, las leyes de propiedad sobre el suelo, la regulación de la contaminación, etc. Estos bienes tienen que proporcionase simultáneamente a todos los habitantes de un territorio dado, es imposible discriminar. Esta clase de bienes, a menudo, es preferible que se gestionen a nivel municipal, a través de un sistema de democracia tan directa como sea posible.

Esto, por cierto, también excluye a las ideas, que no son rivales y sólo en parte excluibles. La propiedad intelectual no tiene cabida en un mercado verdaderamente libre.

  • No existen externalidades postivas ni negativas.

Esto se relaciona directamente con el punto anterior, ya que una externalidad es precisamente un bien (o un mal) público. Las externalidades negativas pueden penalizarse con impuestos específicos (los llamados impuestos pigouvianos), por ejemplo, con un impuesto sobre la contaminación.

  • Las economías de escala son pequeñas. Es decir, las plantas de producción grandes no tienen mucha ventaja sobre las pequeñas, y el tamaño óptimo de las empresas se alcanza a una escala no muy grande.

Esta condición creo que no es indispensable, pero sí muy conveniente. Si por las economías de escala las empresas tienden a ser muy grandes, hay menos empresas ofreciendo empleo, y en comparación, muchos trabajadores, por lo que la capacidad de negociar de los trabajadores se resiente. No es sorprendente que el mutualismo haya medrado sobre todo en contextos en los que las empresas no solían ser muy grandes: Francia y España del tercio central del siglo XIX, Estados Unidos a finales del XIX y principios del XX. En el caso de Francia, entre profesionales de la manufactura, que trabajaban en pequeños talleres aún no muy industrializados.

Tampoco sorprende que vuelvan a tener relevancia las ideas mutualistas en el contexto de internet y del software libre: con un equipo relativamente pequeño de trabajadores cualificados es posible gestionar una web o desarrollar un software exitosamente.

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el 15M como mercado libre

Robert Nozick observaba en una frase de su libro “Anarquía, Estado y Utopía”, de 1974, lo extraño que es que la contracultura de aquel entonces, que hacía concesiones estéticas a la espontaneidad y el descentralismo, no mostrase ningún interés por el mercado libre, más bien se opusiera políticamente, cuando un mercado libre es uno de los ejemplos más obvios de un sistema que se organiza espontáneamente. Más desconcertante es que esa contracultura se aproximara ideológicamente a regímenes socialistas como el cubano o el chino que, al margen de cualquier ordenamiento espontáneo, se organizan según las decisiones violentamente impuestas por una autoridad central.

Actualmente la situación es similar. Nos encontramos por ejemplo con jóvenes de izquierdas en principio partidarios de un descentralismo asambleario, que a la vez tienen un inexplicable fetiche por la organización jerárquica y burocratizada. [1] El otro día, pensando sobre el 15M, se me ocurrió que el fenómeno también se da en el sentido inverso.

núcleo dinámico

Fuente: Madrilonia

Resulta que la peculiar organización del 15M, de Occupy y de todos sus derivados, es parecida a la de un mercado libre. Cualquiera puede entrar cuando quiera, participar según sus propios recursos e intenciones, y salir cuando quiera. Cualquiera puede empezar un nuevo proyecto y colaborar en los proyectos existentes según sus propios recursos e intenciones. Las ideas y los símbolos son libremente reproducidos.

En un contexto donde a través de Internet la información circula muy rápidamente y a un coste próximo a cero, el resultado es un sistema muy eficiente, en el que se crean constantemente nuevas ideas, y las mejores son copiadas y aplicadas masivamente mientras las malas son ignoradas.

Todo esto se puede decir igual de Occupy y de un mercado libre, si suponemos la ausencia de derechos de propiedad intelectual. [2]

Esto es una analogía, no una identidad. Pero ni siquiera como parecido superficial la mencionan quienes ponen énfasis en los aspectos autoorganizativos del 15M. [3] Y en el sentido inverso, quienes tienen mas simpatía por los mercados, entre ellos liberales, libertarianos o anarquistas de mercado, tampoco la mencionan mucho que yo sepa.

La única excepción que me viene a la mente es el Center for a Stateless Society, donde Kevin Carson hace guiños en esa línea al movimiento Occupy, al que también compara con el efímero modelo de desarrollo de Linux y otros proyectos de Software Libre.

De esta (probablemente deliberada) ignorancia mutua creo que nadie obtiene ningún beneficio.

***

[1] Me acuerdo de lo que decía Víctor:

La defensa de una educación estatalizada y dirigida por funcionarios privilegiados es, francamente, un ideal reaccionario, indigno de gente joven.

[2] Por supuesto esto es una redundancia, un mercado en el que hay derechos de propiedad intelectual no es ni puede ser libre.

[3] Por ejemplo, http://madrilonia.org/2013/06/unidad-sin-convergencia-modelos-de-auto-organizacion-politica-de-multitudes-hiperconectadas/, vía P2P Foundation.

una idea sencilla (calentando motores)

In English here.

He aquí como funciona.

Para poder realizar cualquier tipo de empresa social – económica o de otro tipo – , todo el mundo necesita trabajo y capital, a los que podríamos añadir tierra si no se la considera un tipo de capital. Ahora, el trabajo es abundante, ya que todo ser humano puede hacer algún tipo de trabajo, así que en general es barato, pero el capital es escaso en relación al trabajo, así que en general es caro.

No todo el mundo tiene acceso al capital. Algunas personas tienen el derecho legalmente reconocido a acceder a un capital, y por tanto pueden cobrar una renta por permitir a otros usarlo. Éstos son los capitalistas. La mayoría de los seres humanos tienen que pagar una renta a algún capitalista para ganarse la vida o para llevar a cabo cualquier empresa social.

Si el acceso al capital se hace más fácil para todo el mundo, apartando los obstáculos que se interponen a la obtención de capital por parte de cualquiera, nadie tendrá que depender de los capitalistas para ganarse la vida. Todas las regulaciones e impuestos que imponen los estados, los mismos que impiden a los capitalistas abusar de su poder, también impiden a los no capitalistas empezar un proyecto propio que suponga una competencia para otros capitalistas. Si cualquiera puede imprimir su propio dinero y dar crédito, nadie pagará a los banqueros para obtener financiación. Si cualquiera puede abrir un negocio en el sector que más le convenga y sin pagar intereses a los banqueros, nadie dependerá de los capitalistas para trabajar salvo que las condiciones estén de su lado.

Incluso en sectores donde hacen falta grandes cantidades de capital, el poder de los capitalistas se ve limitado. Las mismas fuerzas de mercado que benefician a un capitalista también benefician a cualquier otro capitalista que quiera competir, si realmente no hay barreras de entrada. Por esto, su poder está en todo momento amenazado por la competencia potencial de otros capitalistas, por los trabajadores que prefieren no ser sus empleados y por los consumidores que prefieren no comprar sus productos.

Es a partir de este punto de no injerencia que cada ser humano puede asociarse con sus pares para proveerse de lo más necesario – por lo menos, de un colchón social – al margen de cualquier dependencia económica. Para eso no es necesaria la asistencia de ningún estado.

La liberación de los mercados hará más fácil a la mayoría de los seres humanos acceder al capital, y más difícil a los capitalistas competir en mercados en los que cualquiera puede entrar sin óbice. Por tanto, hará más fácil a la mayoría de los seres humanos ganarnos la vida de forma autónoma e independiente. Las leyes pueden perjudicar o beneficiar a algunos trabajadores o empresas, pero a largo plazo sólo benefician a las instituciones de los estados – que ganan poder – y perjudican al grueso de la población. Necesitamos más mercados, no menos. Necesitamos menos leyes, no más.

Ésta es la sencilla idea de la que todo lo demás se sigue.