una idea sencilla

por Alberto Jaura

Etiqueta: Cataluña

tribu morada, tribu naranja

PODEMOS

En las elecciones al parlamento europeo de mayo de 2014, PODEMOS entró con fuerza en el panorama político español. Rápidamente ciertos sectores se echaron encima del partido, que todavía no había dado ningún ejemplo de gestión. Se decía que sus medidas económicas traerían miseria, y se trataba de ligarlos políticamente al chavismo o a ETA, mientras escalaba en las encuestas hasta el primer puesto en intención de voto, a principios de 2015.

Que la cabeza visible de PODEMOS, Pablo Iglesias, es un comunista no es ningún secreto, [1] y también lo son sus colaboradores cercanos. Sin embargo su primer programa no era comunista, como mucho se trataba de una socialdemocracia consistente, y más profunda que por ejemplo la del PSOE. Desde entonces han matizado algunas propuestas, con la intención de ampliar su base electoral, y su programa para las elecciones generales es más moderado aún.

La comunista cúpula de PODEMOS está proponiendo menos de lo que le gustaría hacer, y si estuvieran en el gobierno, les dejarán hacer menos que eso, sea por limitaciones jurídicas, por obligaciones impuestas desde la Unión Europea, o por la presión de los demás grupos parlamentarios. [2]

En el mejor de los casos para ellos, lograrán aumentar la protección de las leyes laborales a los niveles anteriores a la reforma del 2011, una reforma fiscal más progresiva, protección de los servicios públicos y quizá alguna nacionalización. Unas medidas que pueden ser criticadas, pero que distan mucho de ser un descenso espiral hacia la república bananera abertzale de Cubazuela del Norte (o lo que sea que ocupe ahora la  imaginación de la caverna mediática).

 

Ciudadanos

Mientras tanto, un pequeño partido de ámbito catalán iba adquiriendo notoriedad por tratarse del único representante coherente del nacionalismo español en Cataluña. A lo largo de 2014 el partido Ciudadanos (C’s) se extendió por todo el territorio nacional, para poder presentarse a las diversas elecciones de 2015.

Mientras estuvo en a Cataluña, su programa se limitó casi exclusivamente a una defensa nacionalista de la unidad de España, frente al nacionalismo catalán. Cuando saltó al ámbito nacional, empezó (afortunadamente) a posicionarse en otras cuestiones. Siempre mantuvo una ambigüedad entre la izquierda y la derecha, y a veces se les sitúa en el centro.

En cuestiones sociales, su programa es progresista (legalización del cannabis, regulación de la maternidad subrogada…), y en cuestiones económicas, propone medidas que, sin reducir la intervención del estado en la economía, sí que introducen mecanismos de mercado. Por tanto, en conjunto, creo que se trata de un partido liberal mainstream, como el FDP de Alemania. [3]

A principios de 2015 C’s empezó a escalar espectacularmente en las encuestas de intención de voto. De nuevo, como ocurrió con PODEMOS, un montón de medios y de personas (más bien afines a PODEMOS) se les echaron encima, con todo tipo de exabruptos y exageraciones. Se les comparó con el fascismo, con el neoliberalismo, se dijo que eran lo mismo que el PP, y se dejaron caer muchísimos ad hominem.

 

Ambos

Las dos formaciones han utilizado una estrategia parecida, una especie de populismo que se mueve en una cierta ambigüedad ideológica e identitaria. El caso es que hay una buena cantidad de propuestas que son comunes, la mayoría porque han sido copiadas por C’s de PODEMOS: [4]

  • Renta garantizada: la propuso PODEMOS como una alternativa a la renta básica, que se incluyó en su primer programa. Posteriormente C’s incluyó una medida parecida en su programa.
  • Medidas contra el fraude fiscal.
  • Dación en pago y mecanismos de reestructuración de la deuda hipotecaria: una reclamación de buena parte de la sociedad desde que empezaron los desahucios.
  • Reforma de la constitución que incluya el blindaje de los derechos sociales.
  • Despolitización de la justicia, aunque con medidas diferentes.
  • Reducción de la cuota de los autónomos, que sería gratuita para ganacias inferiores al salario mínimo interprofesional.
  • Educación infantil subvencionada.
  • Subsidios a la I+D privada: esta es la única propuesta de esta lista que ha sido copiada de C’s por PODEMOS y no al revés, por lo que sé. Es lo que PODEMOS llama “Comités Estratégicos Sectoriales” y “Polos de Conocimiento y Desarrollo Económico”, y C’s “Centros de Investigación de Excelencia”, aunque tienen aspectos diferentes.

Podría seguir así largo y tendido. Tampoco tendría mucho sentido, ya que de esta lista sólo se cumplirían quizá las cinco primeras medidas, entre otras cosas porque los programas tanto de PODEMOS como de C’s son imposibles de llevar a la práctica en su totalidad. Sin embargo, lo más probable es que en los próximos cuatro años veamos llevar a la práctica al menos alguna de las medidas estrella.

En todo caso, esta comparación nos permite ver que PODEMOS y C’s son partidos con identidades muy distintas, pero con importantes coincidencias estratégicas y programáticas, cuyos simpatizantes se están tirando trastos a la cabeza los unos a los otros.

 

Coda

David D. Friedman ha escrito con frecuencia en su blog sobre cómo la pertenencia a una identidad política determina las creencias y las posiciones, sin tener en cuenta la evidencia. Tribu roja, tribu azul, decía, en referencia a las dos principales identidades políticas en EEUU. En España, como en casi todos los países occidentales, hay una división análoga entre derecha e izquierda.

PODEMOS logró por un tiempo subvertir esas identidades y abrir una nueva brecha entre nueva política y vieja política, o entre los de abajo y los de arriba si se prefiere. C’s vino a romper esa situación, con una estrategia al fin y al cabo similar de situarse en un espacio ambiguo entre la izquierda y la derecha y apelar a la regeneración.

Según las encuestas, tanto PODEMOS como C’s han logrado atraer al segmento más joven del electorado (1, 2, 3), que no quiere oir hablar del PP ni del PSOE. Sin embargo finalmente no han logrado disolver la fisura política transversal de España: la izquierda y la derecha.

Tribu morada, tribu naranja.

 

 

[1] Aquí un ejemplo como cualquier otro.

[2] Así lo ha reconocido Pablo Iglesias al menos en una ocasión.

[3] Su asesor económico más visible, Luis Garicano, estudió en la Universidad de Chicago, alma máter del liberal Milton Friedman.

[4] Aquí estoy tirando de las versiones resumidas de los programas de PODEMOS y de C’s.

qué es el anacionalismo

Hay mucha confusión en torno al significado del nacionalismo. Lo que caracteriza al nacionalismo, a la ideología y movimiento político que existe desde mediados del siglo XIX en el mundo occidental y que ha sido llamado nacionalismo, no es el sentimiento de pertenencia a una nación. Eso ya existía de antes, así que no puede ser característico del nacionalismo. Lo que verdaderamente lo caracteriza, lo que lo diferencia de otras ideologías o movimientos políticos, es la creencia en que a una nación le debe corresponder una unidad política, en particular, un estado. Por supuesto, un estado-nación, depositario de la soberanía nacional y que por tanto representa legítimamente a la nación.

Es interesante cómo esto parece evidente al ciudadano contemporáneo de un país occidental. Lo es desde luego para el independentista catalán cuyo principal argumento a favor de la independencia de Cataluña es que Cataluña es una nación. Y también para el criptonacionalista español cuyo principal argumento en contra de la independencia de Cataluña es que Cataluña no es una nación, y España sin embargo sí. Los siguientes pasos del argumento, que nos llevarían a la conclusión de que Cataluña debería o no tener un estado, se pasan por alto.

Pero esto no es evidente en absoluto. Sin meterme en detalles históricos, sobre los cuales no conozco lo suficiente, antes de aproximadamente el siglo XVIII no existía esa correlación entre naciones y estados. No había estados-nación modernos y las unidades políticas no se arrogaban en general la representación de una cultura. Para la mayoría de las personas, saberse miembro de tal nación no implicaba una reivindicación política.

Voy a definir lo que yo concibo como anacionalismo, que suscribo, como una negación del nacionalismo, tal y como lo acabo de explicar. El anacionalismo es la idea de que los estados deben perder su carácter nacional. Es decir, los estados no deben tener banderas, ni himnos, ni otros símbolos que puedan entenderse como nacionales, ni deben tener lengua oficial. Deben eliminar de su constitución y sus leyes las referencias a la nación, y en particular deben sustituir el concepto de soberanía nacional por otro más neutro como el de soberanía popular. Deben prohibir el uso de banderas y demás simbología nacional en sus edificios y restringir el uso de autoidentificaciones nacionales por parte de los cargos públicos cuando se expresen como tales. La nacionalidad debe sustituirse por la ciudadanía, de manera que ser ciudadano de un estado no pueda interpretarse como ser miembro de alguna nación. La ciudadanía debe concederse a los que de facto habitan en la jurisdicción del estado y en principio a nadie que no habite en ella.* Usando una comparación, el anacionalismo propone separar el estado de la nación como el liberalismo propone separar el estado de la religión. Los estados así se tornan instituciones meramente administrativas sin ningún carácter identitario.

El anacionalismo supone una posición neutra tanto frente a los movimientos independentistas, como el catalán o el escocés, como frente a los movimientos de unificación nacional, como el irlandés o, a su manera, la Unión Europea. Ello quiere decir que el anacionalismo por sí solo no puede dar argumentos a favor ni en contra de un movimiento independentista o de unificación nacional concreto.

El anacionalismo no es necesariamente anarquista, aunque creo que todo anarquismo debe ser anacionalista. Tal y como lo propongo, el anacionalismo es una idea simple y poderosa, que se traduce en propuestas muy concretas y que puede ser adoptada ya mismo por gente de muy diversas ideologías. Vayamos a por ello.

* Compárese con el caso de Israel, que concede la ciudadanía a todo judío que la solicite aún cuando no haya vivido nunca en Israel. En contraste, ser ciudadano del Reino Unido no dice nada sobre la nacionalidad, que puede ser inglesa, galesa, escocesa o norirlandesa.