una idea sencilla

por Alberto Jaura

de fines ideológicos y fines personales (tejiendo ideas)

El Colectivo de Ex-Trabajadores (¿o Ex-Colectivo de Trabajadores?) CrimethInc reflexiona sobre la ideología y propone una función alternativa para la teoría en relación con la acción:

Perhaps resisting ideology means attempting to do without binary distinctions and assessments. Rather than taking positions for or against broad categories—“student organizing,” “reformism,” “violence,” even “ideology”—we could see each of these as composed of conflicting currents and tendencies. In this view, the role of theory is not to endorse or condemn, but to study this nuanced interplay of forces in order to inform strategic action.

En castellano (traducción propia):

Quizá resistirse a la ideología signifique tratar de prescindir de distinciones y valoraciones binarias. En lugar de tomar una postura a favor o en contra de categorías amplias—”movimiento estudiantil”, “reformismo”, “violencia”, incluso “ideología”—podríamos ver las mismas como compuestas de corrientes y tendencias en conflicto. Desde este punto de vista, el papel de la teoría no es el de aprobar o condenar, sino el de estudiar este sutil juego de fuerzas para guiar la acción estratégica.

CrimethInc, a través de Joaquín L.P.

Estas frases no dejan de recordarme las vueltas que daban los situacionistas en torno a la relación entre la teoría y la praxis, sobre las que escribía hace tiempo [el link al artículo está roto]:

[Guy Debord, un referente situacionista] pretende conciliar la aparente contradicción entre la teoría y la praxis marxista. Contrastando las ideas de Bakunin y de Marx, llega a la conclusión de que la teoría revolucionaria – la teoría que explica por qué la revolución es posible y necesaria – y la praxis revolucionaria son inseparables, y se verifican mutuamente.

No es ninguna sorpresa encontrar influencias situacionistas en CrimethInc, que la Wikipedia describe como anarquista de post-izquierda, y por tanto influenciada por el situacionismo.

Muchos años después de Debord, David de Ugarte hablaría de la relación entre la estrategia y la capacidad de imaginar un futuro, para llegar a unas conclusiones sorprendentes sobre la praxis. Así lo explica Alan Furth (la negrita es mía):

El mensaje central del libro [“Los Futuros que Vienen”, de David de Ugarte] es que esa capacidad para imaginar un futuro liberador para la humanidad entera que tanto añora Graeber y que fue tan progresivo en los albores de la era industrial, no tiene cabida como fuerza movilizadora en un mundo que se organiza crecientemente bajo la lógica de las redes distribuídas. Y es que esa noción de futuro es parte de un ideario universalista producto del nacimiento del estado nación, que le sirve de sustento ideológico tanto como la burocracia, que tan acertadamente critica Graeber, le sirve de base organizacional.

(…)

La única noción de futuro compatible con los que han dejado de creer en los fantasmas del universalismo es comunitaria: un futuro particular, para las pocas y verdaderamente importantes personas con nombre y apellido con las que construimos nuestra cotidianidad. Una noción de futuro basada en comunidades reales.

(…)

Paradójicamente, el enfocar nuestras energías en crear un futuro alentador para nuestras comunidades reales en el contexto de mercados cada vez más interconectados y liberados, nos da una base mucho más racional para creer que ese modelo comunitario se esparza eventualmente por el mundo como un virus de la abundancia; una especie de “efecto mano invisible” en el que el interés propio deja de ser tan estrecho como el del tradicional homo oeconomicus, pero se ensancha solo en la medida que sensatamente cabe esperar dados los límites de nuestra naturaleza emocional y cognitiva para crear lazos de genuina fraternindad (…)

Alan Furth, Sobre El Tiempo, el Cambio Tecnológico, Píldoras Rojas y Leyendas Urbanas

Para Ugarte, en el mundo de las redes distribuidas no existe una distinción relevante entre los fines ideológicos y los fines personales. Construir un mundo mejor empieza por construirlo para nosotros mismos y para nuestro entorno particular, es decir, la comunidad real de gente a la que queremos y con la que interactuamos regularmente.

Esto me lleva al agorismo, esa corriente del anarcocapitalismo que pretende destruir los estados ignorando sus leyes. El agorismo es en parte una repetición de un construccionismo que se remonta al socialismo premarxista, incluyendo el mutualismo, que pretende crear una sociedad nueva construyendo instituciones que paulatinamente sustituyan a las actualmente existentes.

Aquí recaemos en el mismo tema, cuando me esfuerzo en construir un futuro para mí mismo y mi entorno, también me esfuerzo por cambiar el mundo. No hay diferencia entre mis objetivos políticos y mi crecimiento personal.

Charles Johnson explica magistralmente en este vídeo en qué consiste el agorismo, y lo conecta con esta idea:

A partir del minuto 8:14, Charles nos dice:

One of the important apects of countereconomics (…) is that it’s a way of providing people outlets for political actions where your self interest is directly tied up with the means that you use to accomplish your politiccal goals (…)

En castellano (traducción propia):

Un aspecto importante de la contraeconomía (…) es que es una manera de proporcionar a la gente de formas de acción política en las que tu propio interés está directamente ligado a los medios que utilizas para realizar tus objetivos políticos (…)

gora España

Esta estampa nos dejaban el domingo los demócratas de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en la manifestación contra la anulación de la Doctrina Parot.

Así son estos ejemplares ciudadanos, defensores de la democracia (salvo para los vascos), del estado de derecho (salvo para los etarras), del imperio de la ley (salvo para las sentencias del tribunal de Estrasburgo), de la libertad de expresión (salvo para los que no piensan como ellos), y sobre todo contrarios a la violencia (salvo que la ejerza el Estado). ¡Gora España!

sprint final (Anarquismo Individualista)

Sólo faltan unos días para que termine la campaña de crowdfunding para financiar el primer número de la revista Anarquismo Individualista (la revista para la gente rara).

Es la última oportunidad para hacer una aportación económica, o para proponer artículos, traducciones, ilustraciones u otros contenidos para el primer número.

El anarquismo individualista ha sido históricamente una corriente, aunque minoritaria, con cierta presencia en el mundo de habla castellana, tanto en España como en Hispanoamérica. La revista, además de promover el anarquismo individualista, pretende sacar del olvido esta aportación histórica. Animaos a colaborar, ¡el proyecto lo merece!

Judith Butler para principiantes

Publico el siguiente texto introductorio a las ideas de Judith Butler, pensadora contemporánea que podría encuadrase en la tercera ola del feminismo. Creo que de estas ideas se pueden sacar reflexiones interesantes, no sólo sobre la opresión de las mujeres, sino sobre la opresión de aquellos casos límite, las minorías sexuales, que son excluidos porque no encajan bien en las categorías de sexo y género a las que estamos acostumbrados (en las sociedades occidentales, a principios del siglo XXI). La negrita es mía.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-742-2009-05-09.html

Judith Butler para principiantes

Judith Butler es la autora de uno de los libros más influyentes del pensamiento contemporáneo, El género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad, donde ya en los años noventa ponía en jaque la idea de que el sexo es algo natural mientras el género se construye socialmente. Sus trabajos filosóficos, complejos y muy difíciles de divulgar sin desvirtuar, han contribuido a construir lo que hoy se conoce como Teoría Queer y tuvieron un papel fundacional en el desarrollo del movimiento queer. Esta breve guía se detiene en puntos clave de su pensamiento.

Por Leticia Sabsay

1

Butler y su giro copernicano

Ese giro se produce en torno del género y marcó la evolución de las concepciones que se venían teniendo al respecto dentro del feminismo. Cuando en 1990 publica El género en disputa, las ideas se dividían a grandes rasgos entre las que entendían al género como la interpretación cultural del sexo y aquellas que insistían en la inevitabilidad de la diferencia sexual. Ambas presuponían que el “sexo”, entendido como un elemento tributario de una anatomía que no era cuestionada, era algo “natural”, que no dependía de las configuraciones sociohistóricas.

Butler plantea que el “sexo” entendido como la base material o natural del género, como un concepto sociológico o cultural, es el efecto de una concepción que se da dentro de un sistema social ya marcado por la normativa del género. En otras palabras, que la idea del “sexo” como algo natural se ha configurado dentro de la lógica del binarismo del género.

2

Judith en el principio de los movimientos queer

Este planteamiento, a partir del cual el sexo y el género son radicalmente desencializados, desestabilizó la categoría de “mujer” o “mujeres”, y obligó a la perspectiva feminista a reconcebir sus supuestos, y entender que “las mujeres”, más que un sujeto colectivo dado por hecho, era un significante político. Al mismo tiempo, esta aguda desencialización del género, la idea de que las normas de género funcionan como un dispositivo productor de subjetividad, sirvió de fundamento teórico y dio argumentos y herramientas a una serie de colectivos, catalogados como minorías sexuales, que también, junto a las mujeres, eran (y continúan siendo) excluidos, segregados, discriminados por esta normativa binaria del género. En este sentido, el giro copernicano de Butler ayudó mucho al impulso y la expansión de los movimientos queer, y también trans e intersex.

3

Y el sexo…, ¿dónde está?

La impronta de Michel Foucault, y en particular su trabajo en la Historia de la sexualidad, es evidente. Ahora bien, si en el caso de Foucault el dispositivo de la sexualidad no tiene en cuenta el género, para Butler es esencial. A partir de Butler el género ya no va a ser la expresión de un ser interior o la interpretación de un sexo que estaba ahí, antes del género. Como dice la autora, la estabilidad del género, que es la que vuelve inteligibles a los sujetos en el marco de la heteronormatividad, depende de una alineación entre sexo, género y sexualidad, una alineación ideal que en realidad es cuestionada de forma constante y falla permanentemente.

Es importante insistir en que Butler no quiere decir que el sexo no exista, sino que la idea de un “sexo natural” organizado en base a dos posiciones opuestas y complementarias es un dispositivo mediante el cual el género se ha estabilizado dentro de la matriz heterosexual que caracteriza a nuestras sociedades. Puesto en otros términos, no se trata de que el cuerpo no sea material, no se trata de negar la materia del cuerpo en pos de un constructivismo radical, simplemente se trata de insistir en que no hay acceso directo a esta materialidad del cuerpo si no es a través de un imaginario social: no se puede acceder a la “verdad” o a la “materia” del cuerpo sino a través de los discursos, las prácticas y normas.

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El género como performance

Antes que una performance, el género sería performativo. Esta diferencia entre pensar al género como una performance y pensar en la dimensión preformativa del género no es trivial. Decir que el género es una performance no es del todo incorrecto, si por ello entendemos que el género es, en efecto, una actuación, un hacer, y no un atributo con el que contarían los sujetos aun antes de su “estar actuando”. Sin embargo, en la medida en que este performar o actuar el género no consiste en una actuación aislada, “un acto” que podamos separar y distinguir en su singular ocurrencia, la idea de performance puede resultar equívoca. Hablar de performatividad del género implica que el género es una actuación reiterada y obligatoria en función de unas normas sociales que nos exceden. La actuación que podamos encarnar con respecto al género estará signada siempre por un sistema de recompensas y castigos. La performatividad del género no es un hecho aislado de su contexto social, es una práctica social, una reiteración continuada y constante en la que la normativa de género se negocia. En la performatividad del género, el sujeto no es el dueño de su género, y no realiza simplemente la “performance” que más le satisface, sino que se ve obligado a “actuar” el género en función de una normativa genérica que promueve y legitima o sanciona y excluye. En esta tensión, la actuación del género que una deviene es el efecto de una negociación con esta normativa.

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Poderes y políticas

Hablar de género es hablar de relaciones de poder. Hay que tener muy en cuenta que en esta negociación, el no encarnar el género de forma normativa o ideal supone arriesgar la propia posibilidad de ser aceptable para el otro, y no sólo esto, sino también, incluso, supone arriesgar la posibilidad de ser legible como sujeto pleno, o la posibilidad de ser real a los ojos de los otros, y aun más, supone en muchos casos arriesgar la propia vida. En este sentido, la oportunidad política a la que abren los señalamientos de Butler se debe a que si el género no existe por fuera de esta actuación, y las normas del género tampoco son algo distinto que la propia reiteración y actuación de esas mismas normas, esto quiere decir que ellas están siempre sujetas a la resignificación y a la renegociación, abiertas a la transformación social. Estas normas que son encarnadas por los sujetos pueden reproducirse de tal modo que la normas hegemónicas del género queden intactas. Pero también estas normas viven amenazadas por el hecho de que su repetición implique un tipo de actuación que pervierta, debilite o ponga en cuestión esas mismas normas, subvirtiéndolas y transformándolas. Esta inestabilidad constitutiva de las normas es una oportunidad política.

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La aparición de la homosexualidad

En paralelo con otras autoras que también han revisado el hecho de que las ideas que conlleva el género han sido tributarias de la matriz heterosexual –como por ejemplo Monique Wittig, Adrienne Rich o Gayle Rubin– los planteamientos de Butler apuntan a señalar que los ideales de masculinidad y feminidad han sido configurados como presuntamente heterosexuales. Si desde el esquema freudiano, por ejemplo, se parte de la idea normativa de que la identificación (con un género) se opone y excluye la orientación del deseo (se deseará el género con el cual no nos identificamos) –identificarse como mujer implicaría que el deseo debería orientarse hacia la posición masculina, y viceversa–, Butler planteará que esto no es necesariamente así. (Este es el prejuicio que permite entender el hecho de que históricamente se haya pensado en la idea de que un hombre que desea a otros hombres tenderá a ser necesariamente afeminado, y lo mismo en el caso de las mujeres, que si desean lo femenino, esto deberá asociarse con la identificación con lo masculino)

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La ley del deseo

Desde el punto de vista de Butler, deseo e identificación no tienen por qué ser mutuamente excluyentes. Y aún más, ni siquiera, ni tampoco, éstos tendrían por qué ser necesariamente unívocos. No hay ninguna razón esencial que justifique que una debe identificarse unívoca e inequívocamente con un género completa y totalmente. Asimismo, tampoco habría ninguna necesidad en que una deba orientar su deseo hacia un género u otro. Tal es el caso por ejemplo de la bisexualidad.

En tanto ideales a los que ningún sujeto puede acceder de forma absoluta, masculinidad y feminidad pueden ser –y de hecho son– distribuidos, encarnados, combinados y resignificados de formas contradictorias y complejas en cada sujeto. Y no hay encarnaciones o actuaciones de la feminidad o de la masculinidad que sean más auténticas que otras, ni más “verdaderas” que otras. Lo que habría, en todo caso, son formas de negociación de estos ideales más sedimentados, y por ende naturalizados o legitimados que otros, lo que consecuentemente los vuelve “más respetables” de acuerdo con un imaginario social que continúa siendo primordialmente heterocéntrico.

Leticia Sabsay
Socióloga (UBA) Doctora por la Universidad de Valencia. Sus temas de investigación abordan la articulación de los conceptos de género, subjetividad y ciudadanía en la teoría feminista contemporánea. Participò con Judith Butler en el dictado del Seminario de doctorado “Performatividad, género y teoría social: la revisión de la categoría de sujeto”, que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

el 15M como plurarquía

A la acampada de Sol que se formó aquel 16 de mayo de 2011 acudimos cientos de individuos como yo, esto es, confundidos, sorprendidos y con mucha voluntad. Las primeras semanas hubo literalmente de todo.

Mucha gente proponía establecer un listado de propuestas conciso capaz de unificar a una mayoría de la población, que se tomase como programa del 15M, que se convertiría en un grupo de presión para aplicar esas reformas. Yo mismo simpaticé con esa idea. El consenso de mínimos fue lo que más cerca estuvo de lograr ese objetivo, que no llegó a alcanzarse.

Ignoro que motivos impidieron que se adoptara un programa. Supongo que aunque hay una mayoría de la población española que piensa que las cosas van mal, no hay una opinión  generalizada sobre qué está mal y cómo arreglarlo. [1] Además, creo que algunos participantes bloquearon estos consensos de mínimos por considerarlos muy reformistas.

Con el tiempo las cosas se aclararon. Por suerte, la mayor parte de las conspiranoias, misticismos y pseudociencias desaparecieron pronto de vista. El 15M salió adelante sin un programa ni unas propuestas concretas. Ha sido más importante que los fines su estructura descentralizada, basada en unos principios comunes como son la democracia directa, la deliberación, el consenso y la inclusividad.

Por cierto que el 15M no tenga propuestas ni programa no quiere decir que no tenga ideas. Desde luego que las tiene, y están claramente orientadas a la izquierda del espectro político.

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Fuente: Enrique Flores, a través de este artículo.

El funcionamiento del 15M

A día de hoy el 15M es una estructura (mas que una plataforma) descentralizada, en parte virtualizada y con una enorme capacidad de convocatoria y a mucha velocidad a través de internet. Lo que permite precindir de las instituciones jerárquicas que típicamente han sido necesarias para coordinar las movilizaciones, como partidos, sindicatos y similares. Es posible que existan diversos proyectos dedicados a aspectos más concretos, sin un centro que haga homogéneos los discursos y los objetivos, y sin que se pierda capacidad de convocatoria cuando es necesario movilizarse.

Las asambleas difícilmente pueden ser representativas de sus barrios, porque son abiertas, no acude todo el barrio y ni siquiera hay un demos bien definido. Por tanto la toma de decisiones por consenso no hace de las asambleas más representativas, más bien es un mecanismo que propicia el debate y evita que se formen oligarquías participativas, porque obliga a que se tomen en cuenta a todos los participantes. Las asambleas sirven como un punto de encuentro para que los activistas se conozcan cara a cara, colaboren y, llegado el caso, se asocien para fines comunes. Estas asociaciones avanzan fines concretos, y pueden usar las asambleas y la estructura del 15M para convocar las movilizaciones que sean necesarias.

Así surgió 15MpaRato, que en sólo un día logro recaudar por crowdfunding el dinero necesario para financiar una querella contra Rodrigo Rato. Así surgieron las Mareas Ciudadanas, para defender diversos servicios estatales, que convocan a través del 15M manifestaciones con sus reivindicaciones concretas, sin que el 15M se reduzca a las mareas. Las mareas convocaron conjuntamente la manifestación del pasado 23 de febrero. Así han surgido también algunos partidos o intentos de plataformas electorales, experimentos curiosos como el Partido X.

El 15M no es sólo una incubadora de asociaciones activistas, también ha sido un catalizador de algunas que ya existían de antes. La Plataforma de Afectados por una Hipoteca, que presumiblemente ha logrado el mayor éxito hasta la fecha del 15M, fue fundada en 2009, pero el 15M que le dio alas. El interesantísimo proyecto de la Cooperativa Integral Catalana empezó en 2009, y ahora su modelo se está expandiendo a otras regiones.

Las asociaciones que han surgido son imposibles de mencionar en su totalidad en este artículo. Podéis encontrar un precioso diagrama para haceros una idea aquí.

La estructura del 15M es semejante a una plurarquía, es decir, un sistema de decisión donde

todo actor individual decide sobre sí mismo, pero carece de la capacidad y de la oportunidad para decidir sobre cualquiera de los demás actores

En el sentido de que cada participante puede impulsar sus propios fines, sin necesidad de que tengan que ser aprobados por los demás participantes, ni mucho menos por algún comité. Una plurarquía puede asumir las contribuciones de todos los participantes sin perder eficacia. Creo que esta forma de hacer las cosas es lo que ha permitido salir adelante al 15M.

El 15M y el constructivismo

No quiero decir que todo lo que se está haciendo desde el 15M me parezca adecuado. Los ejemplos mencionados son bastante reformistas, si no conservadores en tanto que defienden los servicios estatales. Me resulta frustrante que sus reivindicaciones sean en realidad lloros en lugar de propuestas constructivas.

A mí me resultan mucho más interesantes los grupos que pasan por encima de este victimismo estéril. Pienso en comunidades conversacionales como las que señalaba Pablo Arriazu que se dan cuenta de que es mejor empezar ya a construir el futuro con el que sueñan, en proyectos que desarrollan una sociedad distinta, aún dentro de la presente, sin pasar por los estados.

Muchísimas asambleas locales tienen cooperativas de consumo, bancos de tiempo, huertos urbanos y mercados de trueque. A nivel regional se están creando bastantes monedas alternativas. [2] Entre las cooperativas que se están creando, la mencionada Cooperativa Integral Catalana parece la más desarrollada y con más posibilidades de futuro, y espero que su modelo tenga también éxito en otros lugares. Por supuesto también tengo que mencionar a la Filé Aesir, que al principio se impulsó desde el 15M. Sólo por su neovenecianismo es probablemente la que más se acerca a mis ideas.

Todas estas cosillas surgen ahora que a mucha gente el mercado no puede proporcionarle empleo, y el estado demuestra que sus intereses difieren de y se contradicen con los de la mayoría de la población. Ése es el verdadero rostro de los estados, nada que no cupiera esperar. Estamos en un momento propicio en que asociarnos para apoyarnos mutuamente, y mostrar que es posible vivir y tener seguridad económica eliminando a los estados de la ecuación. Ahora es el momento, y el 15M puede ser una matriz adecuada para encontrar los apoyos para sacar esto adelante.

***

[1] Este consenso sí que existiría según David de Ugarte en otras revueltas como las recientes en Turquía o Brasil.

[2] El Madrid existe el Boniato, utilizado por la REAS.

el 15M como mercado libre

Robert Nozick observaba en una frase de su libro “Anarquía, Estado y Utopía”, de 1974, lo extraño que es que la contracultura de aquel entonces, que hacía concesiones estéticas a la espontaneidad y el descentralismo, no mostrase ningún interés por el mercado libre, más bien se opusiera políticamente, cuando un mercado libre es uno de los ejemplos más obvios de un sistema que se organiza espontáneamente. Más desconcertante es que esa contracultura se aproximara ideológicamente a regímenes socialistas como el cubano o el chino que, al margen de cualquier ordenamiento espontáneo, se organizan según las decisiones violentamente impuestas por una autoridad central.

Actualmente la situación es similar. Nos encontramos por ejemplo con jóvenes de izquierdas en principio partidarios de un descentralismo asambleario, que a la vez tienen un inexplicable fetiche por la organización jerárquica y burocratizada. [1] El otro día, pensando sobre el 15M, se me ocurrió que el fenómeno también se da en el sentido inverso.

núcleo dinámico

Fuente: Madrilonia

Resulta que la peculiar organización del 15M, de Occupy y de todos sus derivados, es parecida a la de un mercado libre. Cualquiera puede entrar cuando quiera, participar según sus propios recursos e intenciones, y salir cuando quiera. Cualquiera puede empezar un nuevo proyecto y colaborar en los proyectos existentes según sus propios recursos e intenciones. Las ideas y los símbolos son libremente reproducidos.

En un contexto donde a través de Internet la información circula muy rápidamente y a un coste próximo a cero, el resultado es un sistema muy eficiente, en el que se crean constantemente nuevas ideas, y las mejores son copiadas y aplicadas masivamente mientras las malas son ignoradas.

Todo esto se puede decir igual de Occupy y de un mercado libre, si suponemos la ausencia de derechos de propiedad intelectual. [2]

Esto es una analogía, no una identidad. Pero ni siquiera como parecido superficial la mencionan quienes ponen énfasis en los aspectos autoorganizativos del 15M. [3] Y en el sentido inverso, quienes tienen mas simpatía por los mercados, entre ellos liberales, libertarianos o anarquistas de mercado, tampoco la mencionan mucho que yo sepa.

La única excepción que me viene a la mente es el Center for a Stateless Society, donde Kevin Carson hace guiños en esa línea al movimiento Occupy, al que también compara con el efímero modelo de desarrollo de Linux y otros proyectos de Software Libre.

De esta (probablemente deliberada) ignorancia mutua creo que nadie obtiene ningún beneficio.

***

[1] Me acuerdo de lo que decía Víctor:

La defensa de una educación estatalizada y dirigida por funcionarios privilegiados es, francamente, un ideal reaccionario, indigno de gente joven.

[2] Por supuesto esto es una redundancia, un mercado en el que hay derechos de propiedad intelectual no es ni puede ser libre.

[3] Por ejemplo, http://madrilonia.org/2013/06/unidad-sin-convergencia-modelos-de-auto-organizacion-politica-de-multitudes-hiperconectadas/, vía P2P Foundation.

sobre la estatolatría moderna

Todas las cosas que hacen los humanos se pueden dividir en dos categorías – aquellas que están bajo control del Estado hoy y aquellas que esperamos que lo estén mañana.

Cita deformada de David Friedman [1]

La estatolatría, literalmente el culto al Estado, se puede encontrar en todo el espectro ideológico actual. Los estatólatras modernos, desde todas las tendencias ideológicas, creen que la causa de todos los problemas de la sociedad es que no hemos hincado la rodilla suficientemente hondo en la tierra, que no hemos inclinado suficientemente la cabeza ante el Estado. Esto lo dicen en términos más eufemísticos, por supuesto. En su opinión, nuestros problemas se solucionarán en cuanto el Estado se ocupe de ellos. Debemos por tanto exigir al Estado que se introduzca más íntimamente en nuestras vidas, que controle cada una de nuestras acciones y con mayor escrutinio, que las subordine a nuevas legislaciones.

Sería absurdo dejar aún algún aspecto de nuestra vida en nuestras propias manos cuando estamos convencidos de que el Estado puede gestionarlo mucho mejor, y quizá con menos esfuerzo. Desde este punto de vista es razonable que nada deba quedar fuera del Estado, salvo aquellas cosas que esperamos poner bajo su poder en el futuro.

Por ello las medidas concretas que los estatólatras proponen para el Estado pierden su importancia frente al hecho de que sea el Estado quien las lleve a cabo. Para cada problema social, el Estado debe producir al menos una ley, y por añadidura subir los impuestos. Raramente un estatólatra considera las consecuencias no planificadas que pueden derivarse de una ley; desde su punto de vista, aparentemente, la letra de la ley siempre se cumple y el Estado proveerá. Y está fe se mantiene con toda la evidencia en su contra, cuando vemos casi a diario como el Estado está más interesado en mantener el statu quo de ciertas instituciones financieras o de las empresas que viven de una propiedad intelectual que actualmente ya es insostenible.

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Fuente: Ben Garrison

El estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a costa de todo el mundo”

Frédéric Bastiat

El Estado es una clase social en sí mismo. El abuso de poder no es una anomalía dentro de un funcionamiento por lo demás correcto, sino que es su manera intrínseca de funcionar. El Estado no representa ni puede representar al conjunto de la sociedad.

Un estado consta de un aparato burocrático que proclama leyes y toma decisiones, y al menos un cuerpo armado y disciplinado (las policías, el ejército) capaz de usar sistemáticamente la fuerza contra la población que tiene la desgracia de estar bajo su jurisdicción, que ejecuta lo que el Estado determina y hace posible la recaudación de impuestos con que se financia. Esta es la estructura básica, no se pueden eliminar estos elementos sin eliminar la esencia de lo que estoy llamando un estado. Esta estructura es similar a la de un sindicato del crimen o la de una organización terrorista.

Los seres humanos que controlan estas instituciones no tienen cualidades ni intereses distintos de los de los demás seres humanos, por lo que los intereses que satisfaga el Estado serán los intereses de aquellos que lo controlen, como sus políticos o funcionarios, que pueden o no coincidir con los del resto de la población. A priori, no hay aparentemente argumentos racionales por los que éstos tengan que coincidir. Lo más probable es que quienes controlan en Estado usen su poder para sus propios fines – ideológicos, monetarios – y para los fines de aquellos grupos que tengan acceso al Estado y contribuyan a mantener Su poder.

Así, es de esperar que los empresarios con grandes cuotas de mercado reclamarán privilegios para sí a costa de la competencia y los consumidores. Lo mismo harán sectores sociales organizados que tengan una influencia importante en la sociedad y sobre el Estado, como los sindicatos, los agricultores, las religiones organizadas, etcétera, en una grotesca parodia de la interacción social en la que todos tratarán de vivir a costa de los demás.

Así lo constata la historia una y otra vez. Podemos tener un Estado eficiente, que proporcione los servicios que dice proporcionar y que sea estable, con una clase política y funcionarial virtuosa. Sin embargo esta situación no es estable a largo plazo, ya que los intereses del Estado y de Sus instituciones simplemente son distintos de los de la sociedad. Si, por ejemplo, el sector bancario es un sector importante en la sociedad capitalista, el Estado tratará de privilegiarlo para dirigirlo a los fines de sus propias instituciones.

…people are bad so we need a government made up of people are bad so we need a government made up of people…

Cita anarquista autorrecursiva anónima

Ésta no es una anomalía puntual del funcionamiento del Estado, sino que es una consecuencia de su naturaleza misma. El Estado es una institución basada en el uso de la fuerza, que coloca forzosamente a algunos seres humanos bajo la voluntad de otros. A corto plazo tal vez se pueden esperar algunos buenos resultados. Pero en el mundo no hay suficientes santos como para que un ser humano imperfecto no acabe en una situación de poder y la utilice – quizá sin siquiera ser siquiera conscientemente – para sus propios fines, a costa de los demás.

A priori los servicios básicos universales parecen una buena idea. El problema es cómo se aplican. Aplicarlos a través del Estado crea una nueva clase social a la que los supuestos beneficiarios están subordinados. Unos políticos y funcionarios motivados y con altos valores éticos pueden mantener un Estado relativamente benevolente durante un tiempo, pero por su propia estructura de incentivos, el Estado, una institución que se sustenta en la dominación forzosa de sus súbditos, acabará explotando a sus súbditos.

Tened un poco de paciencia, antes de fin de siglo os habremos rehabilitado a todos.

Nikita Khrushchev

La actitud casi patológica de los estatólatras es comparable al síndrome de Estocolmo. Pero no me preocupa su falta de aprecio por su propia libertad. Puedo respetar esa decisión sobre su propia vida. Lo verdaderamente irritante es que pretendan arrastrarme a mi y a todos los demás que sí apreciamos el poder determinar nuestra propia vida al margen de cualquier autoridad, máxime la del Estado.

Tan sólo debemos tener un poco de paciencia y pagar más impuestos. Y aparentemente no descansarán antes de vernos a todos en una exhasperante genuflexión frente al Estado.

***

[1] Cita original y traducción mía:

All things that governments do can be divided into two categories—those we could do away with today and those we hope to be able to do away with tomorrow. Most of the things our government does are in the first category.

Todas las cosas que hacen los estados se pueden dividir en dos categorías – aquellas que podríamos quitarnos de encima hoy y aquellas que esperamos poder quitarnos de encima mañana. La mayoría de las cosas que nuestro estado hace están en la primera categoría.

David D. Friedman, The Machinery of Freedom ([PDF] http://www.daviddfriedman.com/The_Machinery_of_Freedom_.pdf), página 14.