cuatro ideas sencillas

por albertojaura

Uno sólo pretende formarse una opinión sobre cómo debería organizarse la sociedad, y madre, la que se arma. A veces me dan ganas de mandarlo todo a la mierda y olvidarme del tema. Pero es mi culpa, porque sigo buscando ese sistema de pensamiento totalizador y cerrado (estúpidos humanos, creen que tienen todas las respuestas), y cada dos por tres el edificio se me cae y tengo que revisar los cimientos. Así es normal acabar quemado. Siempre queda alguna pregunta cuya única respuesta posible es la fe, pero yo no valgo para creer. Maldita obsesión por decir siempre la última palabra (¡ah, la inagotable repetitividad de Occidente!).

Al final, se ponga el nombre que se les ponga, estoy defendiendo las mismas cuatro ideas sencillas desde hace mucho, matiz aquí o allá. Son más o menos las siguientes, sin espacio para ser muy detallado o exhaustivo:

  1. El ideal ético que me sirve como referencia es el de una sociedad humana sin gobierno, donde cada ser humano pueda desarrollarse según sus propias preferencias, sin interferir en la capacidad de los demás individuos de hacer lo mismo. Esto conlleva un mutismo respecto a esas preferencias, es decir, no se espera que todos los individuos sean buenos, o solidarios, o trabajadores, o ateos, o abstemios, o lo que sea. [1]
  2. Es posible aproximarse a este ideal en las sociedades humanas realmente existentes de diversas formas: La descentralización del poder político hasta la mínima unidad territorial posible, que es el municipio, es decir, el más pequeño territorio habitado ininterrumpidamente por seres humanos. Los municipios pueden confederarse libremente, siempre manteniendo su soberanía, para alcanzar economías de escala donde sea conveniente. [2] La pérdida del carácter nacional de los estados, de manera que se convierten en instituciones administrativas, sin el carácter identitario de los actuales estados-nación. La desterritorialización de las leyes, en los campos en que sea factible, de manera que, en la medida de lo posible, haya una diversidad de sistemas políticos o jurídicos que coexistan en un mismo territorio. [3]
  3. Hay reformas concretas que se pueden aplicar en las sociedades occidentales contemporáneas, que van en la dirección de disminuir el papel del estado y entregar sus funciones a la sociedad civil. Es menester legalizar los crímenes sin víctima, entre los que se incluyen el consumo y comercio de estupefacientes, y minimizar las regulaciones en todos los ámbitos. La educación, la sanidad y otras actividades del estado deben desestatalizarse, entregándose a cooperativas de consumidores o trabajadores. El estado de bienestar puede ser sustituido por un sistema de bonos, a través del cual el estado subvenciona ciertos servicios básicos como la sanidad, la educación, la vivienda o la asistencia jurídica sólo a aquellos que no puedan permitírselos. Los diversos subsidios y pensiones se pueden sustituir con una renta básica universal. Los ingresos del estado pueden extraerse principalmente de un impuesto sobre la tierra.
  4. Se puede transformar la sociedad empezando desde el propio entorno, construyendo asociaciones que avancen el tipo de sociedad que se promulga y que permanezcan al margen de los estados, en forma de cooperativas y otro tipo de proyectos autogestionados. Este tipo de asociaciones, en el corto y medio plazo, pueden transformar la realidad inmediata de acuerdo a las preferencias personales propias, y a largo plazo, pueden ser la base de una nueva sociedad construida “sobre la cáscara de la vieja”. [4]

Sobre estos cuatro temas son admisibles todas las variaciones posibles y una cantidad infinita de matices que vayan rizando el rizo e hilando el hilo todo lo que se quiera.

 

Notas: estas notas son, en realidad, una recopilación de referencias e ideas afines que sirven para ejemplificar algunos de los puntos anteriores.

[1] El concepto de plurarquía,y la utopía de utopías de Robert Nozick.

[2] La democracia concejil tradicional reivindicada por Félix Rodrigo Mora, el federalismo de Proudhon y de Pi i Margall, el pananarquismo y pansecesionismo de Keith Preston, y la Rebelión Cantonal de 1873.

[3] La ley y la seguridad en el mutualismo clásico, el libertarianismo de David Friedman, y la panarquía.

[4] El agorismo, el movimiento de las cooperativas integrales, el concepto de filé, los conceptos de micropolítica y microrresistencia en Luis Diego Fernández, y las invitaciones a hacer comunidades rurales intencionales de Félix Rodrigo Mora y de los nacional-anarquistas.

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